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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. joelgarciaalmaguer@gmail.com

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18 Agosto 2019 03:48:00
A Horas Truncas
De pronto cayó la noche y las estrellas comenzaron a brillar como suelen hacerlo en los campos. Es cálida. Los colores verdes del valle y de los bosques comienzan a fundirse lentamente con el azul del cielo, que se vuelve cada vez más oscuro.

La noche se acerca y en el horizonte la luna sonríe como el gato de Cheshire. El aroma rural se percibe y se mezcla con el balar de las ovejas que a lo lejos comienzan su diálogo nocturno. Loustique, el león del campo, anda con parsimonia al lado de nosotros, callado como un hombre sabio.

La mesa que habíamos dispuesto para charlar parece una pintura impresionista en la tela de la noche. Es blanca y forjada, una mesa de jardín común y corriente. Sentarnos a conversar en ella es un pequeño ritual, un ponernos al día como lo hacen dos amigos que hace tiempo no se ven, pero que no dejan de sentir la confianza de estar ahí, bebiendo un digestivo mientras las reflexiones sobre la vida y lo que nos ha acaecido van surgiendo poco a poco. Pocas palabras. Las necesarias.

La música y los libros no faltan en esta sobremesa al filo de la medianoche. Miro mi reloj mientras Louis busca la música que su esposa ejecuta en un cuarteto de tangos contemporáneos. De pronto, mientras veo unas nubes dibujarse al horizonte, el sonido de un bandoneón emerge lentamente, acompañado de un cello lánguido, doloroso y dulce a la vez.

Es el Cuarteto Lunares que me presenta mi amigo con una admiración plena por la música que hace su mujer. La pasión desborda en cada compás, una pasión incontenible que el cuarteto logra transmitir y hacer sentir. Como todo tango contemporáneo desde Piazzolla, los ritmos percutidos son casi una obsesión, pero las disonancias que estos compositores desconocidos ejecutan, provocan sensaciones diferentes, más intensas y profundas.

No hay una concesión a la sensiblería musical. El insomnio es el equilibrista que busca no caer del lado de la cordura, pero tampoco de la desolación. Se balancea, de un lado a otro mientras el cuarteto se pierde entre cuerdas que juegan, pero que pueden llegar a ser agresivas, peligrosas.

No hay un momento en el álbum que escuchamos en el que se menosprecie algo. Y es ahí, en esa noche, que descubro una música nueva, entre charlas y noches de desvelos. Pero el tiempo se acerca a horas truncas, como el álbum que escucho de nuevo en Spotify, sentado frente a la computadora, y agradezco el placer de encontrar amigos en lugares lejanos, pero que permanecen cerca gracias a la música.

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