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hace 4 semanas
[Espectáculos]

Callarse los secretos; el lenguaje de la violencia

En Adiós, Tomasa, Geney Beltrán cuenta una cruda historia de silencios y jerarquías de poder

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Callarse los secretos; el lenguaje de la violencia
Saltillo, Coah.- “¡Qué la chingada contigo!”, así comienza Adiós, Tomasa (Alfaguara, 2019), la nueva novela de Geney Beltrán, quien ofrece un relato de violencia social que vive oculta entre las paredes de la casa de Flavio, un niño cuyos ojos captan y cuestionan las actitudes de su familia, quienes habitan en un entorno de violencia normalizada, y que cubre como una a manta a la región rural de El Triángulo Dorado, un lugar “importante por su relación con el narcotráfico pero no para las letras mexicanas”.

El libro cuenta, también, la vida de Tomasa, una joven de 15 años, cuyos secretos le cortan la garganta y hacen que se trague las palabras con las que podría cimbrar las bases del entorno en el que se encuentra. Ya que después de un incidente llega a vivir con la familia de Flavio, quienes viven a la sombra y sometimiento del patriarca.

El que la novela ocurra en un lugar como el Triángulo Dorado, entre Durango y Sinaloa, no es gratuito. Ya que estos pequeños pueblos tienen una comunicación muy cercana que, a su vez, reproduce un esquema jerárquico muy marcado. Para Beltrán “en estos lugares las relaciones que entablan los personajes individuales tienen un impacto muy grande a un nivel colectivo porque estos pueblos pequeños y arrinconados son microcosmos en donde las historias que acontecen, se bastan y sobran por sí solas.

“Por otro lado está el habla regional. Debido a que estos lugares tienen una forma de hablar que representa de manera muy fiel la experiencia concreta de los personajes que viven ahí. Este uso del lenguaje no es sólo una forma de comunicación entre ellos, sino que es también un modulador de la visión del mundo en el que se desenvuelven. Por eso creo que el recuperar esta forma de usar las palabras en una novela, brinda la posibilidad de dar una visión más completa tanto de los personajes, como de la colectividad en sí”, comentó Beltrán a Zócalo en entrevista.

Visión machista

El mundo de Adiós, Tomasa, es uno dominado por hombres, en el que las mujeres existen para observar el paso de la vida y no hablar una palabra en su contra. El alzar la voz y ser escuchadas es el objetivo principal que buscan, pero que callan. Esos silencios que se mezclan con el aire caliente del campo duranguense, es un espacio vacío que el lector debe llenar con pistas que cuentan los secretos crueles que sostienen a ese mundo violento que se descubre por la mirada de Flavio.

“La vocación del silencio es una constante en varios personajes, ya que tienen una dificultad de expresar lo que les ha pasado y han vivido. Sobre todo porque, como ocurre con Tomasa, Flavio y su mamá, son parte de un sometimiento que les impide tener la libertad para manifestar lo que sienten, hay restricciones violentas que surgen como parte de una estructura patriarcal que recae, principalmente sobre las mujeres, pero que también afecta a los niños en una educación que los predispone a conductas que derivarán en violencia. Ese callar es un contraste con el habla viva y violenta de los personajes masculinos. En los pueblos los hombres pueden hablar como quieran, cantar a grito en garganta y, a partir de ahí, tener el monopolio del lenguaje.

“En este caso, esos aprendizajes no sólo vienen de hechos y ejemplos, sino desde la propia palabra, a través de su cualidad de etiquetar al otro, que puede ser una mujer, un niño, un homosexual u otro hombre. Creo que aquí la palabra es muy violenta, tiene una agresividad que lacera a los personajes y los pone en una disyuntiva de asumir a este sistema patriarcal y reproducirlo, o planear la idea de una huida”.

Desde lo infantil

Beltrán apunta que la violencia contra las mujeres es una constante en todo el país. que está en la conversación pública, en los medios de comunicación y en las redes sociales y demás. En forma de noticias que ofrecen un aspecto informativo de esta violencia, lo cual debería “volvernos más sensibles tanto individual, social e institucionalmente” pero en la que él no ve “una verdadera reeducación de conducta”.

Flavio es el personaje que observa todo. Para él muchas cosas son nuevas: la sexualidad, la joven que llegó a vivir con ellos, el por qué muchachos del pueblo deben migrar. Vive en un mundo desconocido en el que la mirada infantil es relevante para reflexionar sobre estos hechos desde una experiencia ajena.

“La violencia machista es algo que está normalizado ante la mirada de los adultos, pero al usar a un niño como personaje hay un extrañamiento que permite cuestionarnos. El personaje infantil nos da un conocimiento diferente de la realidad, porque los adultos estamos forjados por la rutina y encarcelamos esas dudas. Ser un niño, en cambio, nos permite acercarnos a la vida desde el desconocimiento”, concluyó.


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